Este gato no debería estar aquí.

A raíz de la charla que dí en Amazings Bilbao 2011 me apetecía escribir un post sobre las especies invasoras y no es que lo haya retrasado mucho, es que me lo pidieron los de Ecotimes para su número de octubre que apareció el viernes pasado. Aquí lo tenéis.

A finales del siglo XIX, el gato del farero de la pequeña isla de Stephens, situada entre las dos islas principales de Nueva Zelanda, le llevó, a razón de uno al día, los cadáveres de 13 individuos de una especie de pájaro. El farero, Charles Lyll, hombre instruido y aficionado a la ornitología, vio algo raro en ese pájaro y envió restos disecados a un par de famosos ornitólogos neozelandeses.

Cuando meses después le llegó la respuesta, asegurando que se trataba de una nueva especie, el gato de de Lyll ya había terminado con todos los especímenes. Se trata de las pocas especies extinguidas antes de ser identificadas.

gato capturando pájaroEsta es una de las muchas anécdotas que jalonan la historia de las especies invasoras: especies que han sido introducidas en un ecosistema por la acción del hombre. Estas especies pueden evolucionar de tres formas distintas:

  • que no se adapte y mueran,
  • que se adapten pero no constituyan una amenaza competitiva para las autóctonas o
  • que se adapten mejor que las autóctonas y acaben con ellas, convirtiéndose en una plaga.
Mejillón cebra y picudo rojo
Dos de las especies invasoras más famosas que existen en España han sido introducciones accidentales: el mejillón cebra (Dreissena polymorpha) y el escarabajo picudo rojo (Rhynchophorus ferrugineus). El primero llegó pegado al fondo de una embarcación utilizada para la pesca recreativa fluvial, cuyos dueños no limpiaron. El picudo rojo llegó en unas palmeras importadas de Egipto para decorar un campo de golf en Almuñécar.

El mejillón cebra no sólo mata al resto de los bivalvos, sepultándolos con su crecimiento desaforado, sino que es capaz de cegar tuberías y colectores. Según informes de la Confederación Hidrográfica del Ebro, en el periodo comprendido de 2006 a 2010, pelear contra este bivalvo costó 11 millones de euros, repartidos entre arcas públicas y privadas.

El picudo rojo ataca a las palmeras de todo tipo, aunque su favorita es la canaria. Por desgracia, también es la más abundante en el Levante español, y ya ha sido el causante de la tala de miles de palmeras. Una sola palmera infectada puede acabar con un palmeral de mil. Afortunadamente, ya se están desarrollando estrategias exitosas de paliación y erradicación.

Otra especie invasora, introducida esta vez de forma planificada fue la gambusia (Gambusia holbrooki) como un medio para controlar los mosquitos causantes del paludismo. Más tarde se dieron cuenta de que las gambusias, además de larvas de mosquito, comían todo lo que encontraban a su paso, incluido el pez autóctono fartet (Aphanius Iberus). Pero el gran problema en este aspecto son las especies de flora traídas para jardines: acacias plateadas, uñas de gato…

Existe una tercera vía de introducción de invasoras en un hábitat, además de las anteriores (accidental y planificada): la de los dueños irresponsables de mascotas, esas personas que compran un animal exótico (galápagos de Florida, falsas corales, mapaches, cotorras argentinas, iguanas…) y lo abandonan cuando se hace muy grande, agresivo o peligroso. En el parque natural del Sureste, en Madrid, ya existe una comunidad naturalizada de mapaches, y las falsas corales (serpientes del género Lampropeltis) están acabando con las especies autóctonas en las islas Canarias. Sean responsables a la hora de adquirir una mascota.

Las invasoras y las islas
La singular capacidad como fuentes de especiación que presentan las islas las convierten en zonas especialmente sensibles a la introducción de otras especies. Generalmente, la evolución en una isla viene muy determinada por la ausencia de predadores: las especies se hacen más grandes, se especializan en comer determinados alimentos… pero sobre todo, carecen de mecanismos de defensa frente a una posible agresión. Las grandes perjudicadas en el caso de una “invasión” son las especies de aves que una vez llegaron volando a la isla, pero que evolucionaron a vivir en el suelo, haciéndose más vulnerables tanto ellas como sus nidos.

En las islas también es conocido el papel del hombre cuando actúa como “especie invasora” y coloniza una nueva tierra (los moas en Nueva Zelanda y el dodo en las Islas Mauricio, ambas especies extintas, pueden dar fe de ello), y un reciente informe del CSIC ha revelado que los gatos asilvestrados son la causa de la extinción del 14% de los vertebrados en islas.

Situación legal en España

En nuestro país convivimos con más de 1.400 especies que tienen impacto ecológico, y más de 1.100 que lo tienen económico. A nivel legal ya existe un “Ley del Patrimonio Natural y la Biodiversidad” que data de 2007, y el Código Penal tiene tipificadas como delito las introducciones y liberaciones de especies no autóctonas. Desde junio existe un borrador de cuáles serán estas especies que está siendo duramente criticado por el sinsentido que supone no erradicar todas sino mantener aquellas con valor cinegético.

Parece que los casos del picudo rojo y el mejillón cebra no han servido como escarmiento, y aunque ya se toman medidas, en España queda aún un largo camino por recorrer con las especies invasoras.