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Solo puedo decir que ha sido un fin de semana fantástico el que nos organizaron los chicos de Nomaders y Turismo de Extremadura. Llegué con el tiempo justo a Fitur porque no pude escaparme del trabajo antes y allí ya me estaban esperando gran parte de los integrantes de este “Evento Nomaders Extremadura” para conocer el Parque Nacional de Monfragüe y Plasencia. Partíamos en autobús hacia la “Hospedería Parque de Monfragüe”, de la red de alojamientos de calidad que la Junta de Extremadura está creando. La habitación en la que me alojé es una de las más bonitas en las que he estado, una estancia abuhardillada de pared de piedra y la que me esperaba la primera sorpresa, un bolsa regalo de Turismo de Extremadura y una segunda un poco extraña: un teclado inalámbrico y un ratón sobre la mesa. Todas las habitaciones disponen de un pc con “linex” para navegar a través de la televisión. Por desgracia, diversos problemas técnicos me impidieron probarlo
Pero no fue tanto problema, ya que Hospederías cuenta con una red WiFi gratuita y otra que había habilitado especialmente para nosotros, de 10.

Para la cena del viernes, nos dirigimos al cercano pueblo de Torrejón El Rubio donde disfrutamos de las especialidades locales: cardillo (un revuelto de achicoria y ajos puerros) y el lomo de venado con una deliciosa salsa de frutos rojos.
El sábado por la mañana bajé apurado y apenas pude probar el gran buffet de desayuno. Partimos rumbo a Plasencia donde L&P Travel nos había preparado una gymkhana para conocer la ciudad de una forma distinta. Aprendimos sobre su muralla, sus catedrales, el abuelo Mayorga, sus vinos de pitarra… y para acabar la última prueba consistió en degustar tapas (típicas o no tanto): la “morcilla patatera”, hecha con la prueba de cerdo, patata cocida, tocino y pimentón, la palomita, corteza de trigo rellena de ensaladilla, el zorongollo, pimiento y cebolla asado, el jamón ibérico de bellota que no podía faltar y de postre, “huevillos”: unos bollitos en una sopa de leche con canela. Nos tomamos el café en el precioso Parador Nacional, un antiguo convento rehabilitado y luego al curso de introducción a la cata y el maridaje.
Yo, que no soy muy de vinos, aprendí mucho de color, aromas, qué era el bouquet, qué era un vino joven, que los crianzas se abren media hora antes de comer… Unas estupendas explicaciones por parte de Ana, de Viña Placentina, desde cómo se gestiona una viña de agricultura ecológica y se obtienen las distintas variedades de vino a cuál es la mejor comida para acompañarlos. Y además, están empezando en esto de la redes sociales, así que habrá que darles un empujoncito.
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La cena “ligera” en la hospedería a base de pescado resulto ser una tremenda de tres entrantes, primero, segundo y postre con detalle geek a cargo del chef, luego unos se fueron a tomar fotos nocturnas, otros de “expedición” al Pub Ibiza (esperamos crónica, chicos) y los demás nos pusimos el pijama y a dormir, que el Parque Nacional de Monfragüe nos esperaba al día siguiente. Pero eso es algo que tendrá que esperar hasta mañana.











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