Para mí, el gran aliciente de este “Evento Nomaders Extremadura” era la visita al Parque Nacional de Monfragüe, que parece mentira que sea ambientólogo y no conozca los Parques Nacionales. (Objetivo veraniego: visitar otro/s).
Monfragüe es uno de los parques nacionales mas recientes, solo tiene 3 años de antigüedad y se trata de un parque pequeño, de solo 18000 hectáreas (en un rectángulo de 30×6 km) pero enclavado en una Reserva de la Biosfera de 60000 ha. que ha permitido que el parque pueda ser conservado de forma excelente. Se trata de un espacio natural donde convive el bosque mediterráneo original (encinas, acebuches…), prácticamente inalterado ni siquiera interrumpido por cortafuegos, con la dehesa, ese bosque de antrópico modelo de desarrollo sostenible.
A mediados de los 70 se arrasó con el bosque original para realizar una plantación de eucaliptos en vista a una posible planta papelera en Navamoral de la Mata. Se produjo entonces un fuerte movimiento de oposición (ah, el ecologismo de los 70) que consiguió que el espacio fuera declarado Parque Natural en 1979 pero ya se habían perdido 3000 ha. Se ha iniciado una labor de repoblación pero como actualmente el parque pertenece en un 60% a fincas privadas hay eucaliptos que, al no estar en la zona pública, no pueden ser arrancados sin permiso de sus dueños, por suerte la Junta tiene preferencia para comprarlas si el dueño decide vender. La repoblación dará frutos de aquí a 40 años, es lo que tienen los árboles de crecimiento lento.
La ruta por el parque fue realizada por la empresa “Monfragüe Vivo” en vehículos 4×4. Los guías demostraron ser grandes conocedores del parque y excelentes profesionales. Nos explicaron que las estrellas del parque son 3 especies de ave: el buitre negro, el águila imperial y la cigüeña negra. La gran joya del parque es su biodiversidad tanto de fauna como de flora. Tiene mas de 600 parejas de buitres y 12 de águilas (el máximo de la capacidad de acogida). Tras visitar el castillo de Monfragüe con una vistas de 360º y donde los buitres negro y leonado, esos señores de las corrientes térmicas, nos pasaban a escasos 15-20 metros nos dirigimos a los miradores que jalonan la carretera. En el mirador de “El salto del gitano” Raúl nos demostró que no sólo es un gran guía sino que es un magnífico contador de historias, vamos, un intérprete del patrimonio en toda regla. Intentamos divisar algún águila imperial pero fue en vano. Como anécdota, contar que la cigüeña negra más antigua, conocida como “La Choni” por el “CHN” de su anilla, fue anillada por uno de los blogueros, Víctor.
Tras parada y fonda en Villarreal de San Carlos, población fundada por Carlos III para proteger el paso del puente del Cardenal, que ahora está sumergido por las aguas represadas del Tajo, nos adentramos en la dehesa, ese ejemplo de ecosistema perfectamente conservado y en equilibrio con el hombre, hasta tal punto que si se dejara de explotar, se degradaría. Aquí empezó la parte más divertida del viaje con un tobogán de subidas, bajadas y vadeo de charcos entre alcornoques, centenarios en algunos casos. Durante el trayecto, Raúl (otro Raúl), nuestro guía, nos dió una gran clase de ecología que me recordó a la temida pregunta de tres páginas en un examen: “El papel de la encina en la dehesa”. Divisamos alguna rapaz mas pequeña como un águila ratonera o un milano pero la imperial nos fue esquiva.
Y para terminar, por si no hubiéramos tenido bastante, una comida a base de ibéricos, que no faltan nunca, migas extremeñas y una presa ibérica marinada con lima cuyo primer bocado era un tortazo al paladar.
Y acabo como empecé reconociendo que fue un auténtico placer haber compartido este fin de semana con José Ramón, Víctor e Isaac, la sección extremeña, Sonia y Quique, la sección catalana, Carmen, la trajinadora de mundos, José Luis, el autentico bloguero turístico profesional, Jesús y Alberto, los fotógrafos madrileños, Judith, la que vino de más lejos para probar el “linex”, Egoitz y Haritz, el SEO y el videoblogger que hablan raro, Ana e Iker, que grabaron el documental oficioso, Javier y Carmen que se apuntaron a última hora y Javier que iba para que no nos desmadráramos (y no lo consiguió). Muchas gracias por hacerme disfrutar tanto de este viaje.
PD: nos vamos sin saber la edad de Ana así que citemos la frase de mi parte de la mesa en la comida: “Yo te echo 24, 25″ y alguien apostilló “Y de años también”.










